Recuerdo la primera vez que escuché hablar de él. Recuerdo ese momento muy claramente. Era 1995, si mal no me equivoco, y yo tenía 6 años. En aquellas épocas, nuestro país aún se recuperaba de aquellos infames años 80, y con un Fujimori que – ya autoritario – gozaba del apoyo de las masas. Mis abuelos, tan cariñosos, habían vuelto de un viaje a EE.UU. con varios regalos, para hijos, y nietos. Me acuerdo estar en el hall principal de la casa, y haber visto a mi abuelo abrir una de esas maletas que ya no se ven, que tienen forma de maleta de mano, pero con rueditas – ahora veo que un invento como las maletas que ahora usamos es algo fácil de pensar pero que tomó tiempo en ocurrírsele a alguien, una de esas simples genialidades que nos simplifican la vida. En fin, yo veo con sorpresa el abrir las maletas y recuerdo claramente que lo primero que sacó fue chocolates y dulces estadounidenses (M&M’s, Snickers, etc.) y luego dos cintas de vídeo. Una de Jurassic Park, y la otra de Michael Jackson, era el HIStory. Esa misma noche pusimos el cassette y me encantó. La música, el baile, me vacilaron como nunca. Había descubierto a Michael. Si bien ya había escuchado su música, nunca había visto los videoclips, y esos fueron los que me llevaron a convertirme en un chibolo fan más.
Luego crecí, y con el tiempo mi hinchaje por MJ decreció. Tomó una figura un tanto más andrógina, y ya estaba al tanto de algunos de sus escándalos. Nunca se podrá saber a ciencia cierta si MJ tuvo una vida feliz, si logró sentirse pleno, si alguna vez pecó e hizo algo prohibido, pero lo que sí se puede saber es que algo que nunca le podremos agradecer por completo, es lo que hace que un artista – en todo el sentido de la palabra – sea grande: Darnos alegría y felicidad. Si tuvo fallas, seguro que sí, pero como cualquier héroe en este mundo – ya sea político, artístico, deportivo, etc. – logran perennizarse en nuestras mentes como personas que vivieron por y para los demás, ya sea sirviendo en el gobierno, creando fantasías en el fútbol, o regalándonos una canción salida de lo más profundo de sus neuronas. Con esto no justifico sus errores, pero como ser humano entiendo que todos tenemos errores. Los últimos momentos de su vida fueron un poco decadentes, y eso pudo haber mellado la imagen que todos tenían del músico. Sin embargo, ahora hay que recordar lo bueno que hizo y dejar que descanse finalmente.
Si Maradona fue drogadicto, si Gandhi fue mal padre, si Freddie Mercury fue gay (algunos ilusos notan esto como algo “negativo y condenable”), podemos decir que fueron asuntos personales, y que no mellan en el aporte a la humanidad que salió de su talento y amor por su gente. Michael ahora descansa en paz, y su legado persiste. Nuevamente, solo los buenos mueren jóvenes, y Michael se vuelve parte de una triste estadística, que solo confirma la frase anterior.
En el caso de MJ, en el peor de los casos le debemos dar el beneficio de la duda, y agradecerle por todo lo que nos regaló. Si bien es cierto que no pudo ir al Perú – hubiera sido el concierto del siglo, puesto que MJ estaba en el pico de su carrera – muchísimos peruanos lo recordamos con cariño.
Descansa en paz, Rey. Gracias por tu música, y ahora hazte un conciertazo con todos los que te tomaron la delantera allá arriba.
Probablemente este Billy Jean, del 2001, fue una de las últimas demostraciones de Michael para con su público. Un lindo recuerdo.
Una canción que unió a dos genios. El gran Freddie y Michael. Tremenda juerga en el cielo debe haber ahora.
Escrito por alvarozapatel
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