El Voto que No Votaré (I)


No voy a votar. No voy a votar no porque sea un rebelde o porque quiera desafiar la ley o porque la parrilla electoral sea de mi desprecio. No. No voy a votar simplemente porque estoy fuera del Perú y he tenido que tragarme el tan esperado gusto de poder ejercer un derecho (mal llamado “deber”) cívico que ahora tengo que postergar. No obstante, he observado las elecciones durante todo este tiempo, y, si bien no he escrito nada al respecto durante este período, a una semana de las elecciones me daré el tiempo de ejercer mi punto de vista y opinión final.

Mucha agua ha corrido bajo el puente. Periodistas y líderes de opinión han escrito cientos de líneas se han escrito desde todo el espectro ideológico (léase: Aldo Mariátegui, Augusto Álvarez Rodrich, Mirko Lauer, Mariela Balbi, Rosa María Palacios, Pedro Salinas) y los blogueros no se han quedado atrás (Marco Sifuentes, José Alejandro Godoy, Paco Bardales, Silvio Rendón, etc.) y todos han ido detallando los cambios del mapa electoral y su constante evolución (o involución). Por ello, voy a ser conciso y trataré de no repetir cosas dichas antes por los que menciono o tantos otros.

En un principio las preferencias del electorado estaban divididas principalmente entre dos candidatos: Lourdes Flores y Alex Kouri. Lourdes, astutamente, jugó a la polarización entre decencia (a la que ella representaba, supuestamente) y la corrupción (encarnada en la persona de Kouri por su cercanía con el sector más rancio del fujimorato). Al hacer esto, Lourdes intentó eliminar del mapa electoral a candidatos menores hasta ese entonces y llamó a los votantes a votar en contra de la corrupción, siendo ella la única que podía hacerle competencia al malvado Kouri. Desde aquí ya se veía el tinte particular que tendrían estas elecciones, ya que desde aquel momento la competencia había dejado de ser “vecinal”, sino más bien esta se había transformado en una batalla contra los zombies del “fujimontesinismo”.

Sea porque Kouri se “dejó sacar” o porque realmente la tacha que le hicieron tuvo la fuerza de la razón, Kouri fueexpectorado de la contienda.  Esto cambió totalmente el mapa electoral. Recuerdo ver en noticias que, mientras todos los candidatos “pitufos” festejaban la tacha a Kouri, Flores se limitó a decir que “esperaría el veredicto final del JNE”. Es decir, Lourdes no se mostró tan alegre de sacarse de encima a un competidor como Kouri, puesto que esto rompía la dicotomía a la que había venido jugando durante la primera etapa de la contienda.

A partir de ahí, el – aproximadamente – 20% de Kouri tuvo que migrar a otros candidatos, y la gran mayoría de estas adherencias la obtuvo Susana Villarán. Lourdes intentó crear otra dicotomía y eliminar al resto de candidatos. Lo primero lo hizo en función de la batalla entre la “modernidad y el pasado” (y con esto vino la ideologización de la competencia vecinal, pasando a convertirse ahora en una lucha entre la derecha – que unos consideran moderna y otros injusta – y la izquierda – que unos consideran progresista y otros cavernaria.

En el primer escenario, lamentablemente me hubiera tenido que ver forzado a votar por alguien que, si bien no me convencía en su totalidad, creó suficiente incertidumbre en mí. De haberse quedado Kouri, hubiera tenido que comerme la idea del “mal menor” y apoyar a Lourdes Flores. La tendencia del electorado probablemente hubiera continuado hacia esa dicotomía y el movimiento del voto masivo hubiera hecho de la elección una carrera de dos, en donde Kouri es la imagen a medio enjuagar del “fujimontesinismo” y Lourdes, con sus anticuchos y todo, era la cara más visible para poder combatir a Kouri. Con Kouri probablemente Susana no hubiera podido tener la apertura a los medios que ahora tiene, ya que estos estaban copados por los dos punteros. Susana probablemente se habría quedado en un 8-10% (lo que actualmente tiene Lay en promedio) y el grueso de votos se hubiera ido a apoyar “la experiencia de gestión” de Kouri o “la decencia y honestidad” de Lourdes. Eso que Susana viene repitiendo de que “la tendencia al alza” que experimentó poco antes de la salida de Kouri es solo una especulación, que pudo haber sido un “momentum” semanal.

Cuando Kouri sale de carrera, dije por Facebook que eso era lo peor que le podía haber pasado a Lourdes, porque implicaba un cambio drástico de estrategia. Frente a los “pitufos”, Flores resultaba el “mal mayor” para el electorado en términos morales por los cuestionamientos que venía recibiendo (especialmente el de Cataño). Frente a Kouri, los deslices de Cataño eran menores, pero frente a candidatos que no tenían manchas notables en su CV, Lourdes se presentaba como la nueva Kouri en la contienda: la poco sincera Lourdes.

A partir de ahí, Villarán empieza a acaparar los medios, el sucesor de Kouri no logra captar el grueso del electorado que apoyaba a su líder – gran riesgo de las candidaturas personalistas, en las que el caudillo representa todo y a la vez nada en una propuesta de gobierno. Bayly y otros personajes de los medios apoyan la candidatura de Villarán, catapultando su imagen y dándole visibilidad frente a un electorado que no la conocía.

A partir de ahí la historia reciente todos la sabemos: Ataques de distintos medios contra Susana Villarán en respuesta a las acusaciones contra Lourdes Flores. Tenemos los potoaudios – que no hicieron más que recordarnos que los métodos del autoritarismo de los 90’s siguen en uso y sirven para deslegitimar una contienda que iba bien, Aldo Mariátegui dándole durísimo a Villarán por su cercanía con sectores ultra radicales de la izquierda peruana, la supuesta eliminación de los Hospitales de la Solidaridad de Castañeda, PPK y la fuga de capital del país y un largo etcétera. Lo cierto es que, si bien el electorado limeño es de corte conservador (más reticente a cambios drásticos o “revoluciones” y más amigos de las reformas que del cambio de rumbo) ha visto a Susana Villarán como una cara que, si bien no es nueva en términos de su tiempo en la política, es fresca por ser distinta a lo que se ha venido experimentando en los últimos 30 años (principalmente aprismo y fujimorismo). Su espíritu de renovación y moderación dentro del cambio hace que el electorado la vea como una amiga más que como una enemiga, y su sentido de “calle” hace que la gente la crea capaz de lidiar con aquel sector cavernario de la izquierda que la acompaña. Si eso va a ocurrir o no, no lo sabemos, pero es la imagen generalizada que el electorado tiene de ella.

Lourdes Flores, dentro de todo, es una profesional que en términos generales ha trabajado por la democracia en el Perú. Su constancia para querer servir al país más allá de la negativa que le ha dado el electorado muchas veces demuestra que desea trabajar. Los potoaudios fueron un ataque artero y que no merece mayor mención aquí.

Es por ello que, una vez que Kouri quedó fuera de la elección, para mi Lima ya ganó. Con eso no quiero sonar a cliché, pero lo cierto es que ambas mujeres son lideresas que han terminado por destacar en un escenario que se veía más incierto al inicio, con la presencia de Kouri en campaña. La salida de Kouri le dio libertad a mi voto que no votaré.

Que quede claro que, en esta elección NINGUNA ES UN CUCO. Ninguna atenta contra nada en Lima o contra el Perú. Son propuestas con distintos enfoques pero con un mismo objetivo: hacer de Lima una ciudad mejor. El terror e incertidumbre que se ha querido implantar ha sido y es contraproducente y malea la elección.

Con Kouri fuera, y asumo que a varios también, la carga de votar por el “mal menor” desapareció y me permitió ver a los candidatos con la libertad de quien vota por convicción y seguridad, y no la de quien vota en contra o por rechazo a una propuesta. Por ello, decidí apoyar a un tercer candidato y eso es lo que explicaré en el siguiente post.

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2 respuestas a El Voto que No Votaré (I)

  1. troba dice:

    Buen post Álvaro, te dejo algunas reflexiones:

    - No es del todo cierto que el voto de Kouri se haya pasado al de Susana, creo que el avance de Villarán tiene su respuesta en los indecisos, que al momento de la tacha iban por el 30% o más: voto que no escoge el “mal menor” ni el menú electoral con la mesa ya servida.

    - Si bien la tacha a Kouri perjudicó la primaria estrategia de Lourdes, tirar por la borda 30 puntos de ventaja en mes y medio solo se explica en los gruesos errores cometidos por Flores y un PPC muy debilitado por el transfuguismo hacía Cambio Radical.

    - Esta elección dista de ser una pugna “ideológica” (bueno fuera), han sido los intereses económicos o personales los que han primado: resulta delicioso ver a Castañeda, Aldito M y un lobbysta como PPK desesperarse al ver sus negociados truncados.

    Saludos.

    • alvarozapatel dice:

      Compadre, gracias por tu comentario.

      Ciertamente, el voto de los indecisos ha sido determinante en esta etapa final de la contienda. No obstante, la salida de Kouri, al romper la dicotomía inicial, provocó una migración de votos y que se puede ver de manera notable por la poca acogida que tuvo Altuve. Esos votantes no han desaparecido, sino que han migrado y principalmente lo han hecho donde Villarán, quien, sumando esos votos y el de los indecisos – quienes por su indecisión son volátiles y se mueven de acuerdo a las tendencias por lo general.

      Lourdes ha cometido errores que comentaré en el siguiente post y que le han generado los bajones que ahora experimenta, toalmente de acuerdo.

      Con respecto a lo de la pugna ideológica, me refería principalmente a la “izquierdización” y “derechización” del discurso de ambas partes para criticar las propuestas. Es decir, no es un debate ideológico propiamente hablado, sino más bien, la caricaturización de ambas propuestas en función de los estereotipos y clichés que ambas cargan: PPK y su “fuga de capital” por Susana o el sambenito de que Lourdes representa solo a los ricos. Como dije antes, ambas son caricaturizaciones que pretenden “ideologizar” el discurso pero que en realidad, lo malea.

      Un abrazo y gracias por comentar.

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